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Os llamo amigos... Iglesia sin siervos ni secretos



Éste es el domingo de la Iglesia como lugar de amistad. Antes, Jesús era Pastor y era Viña. Hoy le vemos como amigo de amigos a quienes cuenta su secreto (todo lo que sabe), centro de una Iglesia de Amistad donde nadie hay sobre nadie, pues ni él se ha reservado ningún secreto o poder más alto (Jn 15, 15: Centro del evangelio de hoy).

El poder traza una división entres Señores y esclavos
-- Los señores pueden, nos siervos-esclavos (douloi) no pueden, obedecen
-- Los señores saben, y en virtud de su saber más alto se imponen sobre los siervos-esclavos, que no saben, no piensan (hacen lo que les mandan)

Jesús ha superado ese poder y ese saber, para sí mismo y para su Iglesia:
-- Jesús no sabe más, porque todo lo ha dicho y lo ha compartido; por eso no tiene siervos-esclavos (douloi), sino amigos a los que todo dice
-- Jesús no puede más, pues todo su poder se lo ha dado a sus amigos, con quienes lo comparte.

Esto ha de ser la Iglesia,comunión de amigos de Jesús, amigos mutuos:
-- Amigos son aquellos que comparten(comunican) su experiencia: se conocen (se cuentan los secretos), y así confían unos en los otros: cada uno pone su vida en manos de los demás, dialogando en verdad
-- La Iglesia ha de ser, por tanto, comunión de amigos que saben (todos saben igual) y así comparten el poder, que no es poder de mando, sino de comunidad abierta a todos.

Éste es un evangelio inquietante y poderoso...
-- Jesús ha definido a su Iglesia como lugar de claridad, donde él comunica todo lo que sabe y donde sus amigos (los cristianos) se comunican entre sí, no tienen secretos: Todos se dicen, todos saben, todos comparten, sin que haya señores que saben y así mandan (iglesia docente) y creyentes que escuchan (creen a los que saben, más que a Dios), como Iglesia discente.
-- Pero la Iglesia se ha hecho, a lo largo de los siglos, uno de los lugares de mayor secreto del mundo... , en contra del mandato de Jesús.
Unos han sabido y dicho, han dictado y dirigido desde arriba (con su pretendida sabiduría), con nombramientos secretos, con secretas inquisiciones, estableciendo así una "sabia dictadura" (evidentemente, para bien de los subordinados...
Otros (la mayoría) no han sabido ni dicho, han escuchado y obedecido... teniendo además que dar gracias a Dios por sus buenos "pastores" (que son como pastores de ovejas irracionales, no amigos....)

Ciertamente, no todo es así..., pues hay en la Iglesia gérmenes de comunión, un camino abierto para que todos sepan y compartan... Pero se trata de un camino siempre difícil, que encuentra múltiples resistencias. Por eso es necesario volver a este evangelio: La Iglesia ha de ser el lugar donde todos compartan conocimiento y vida, sin secretos superiores...

En este contexto se deben distinguir dos estilos de mando:

-- Hay un estilo platónico... donde unos sabios superiores mandan sobre soldados (que luchan obedientes, pero no saben lo que saben los sabios) y sobre unos obreros (que trabajan diligentes, pero no saben lo que saben sabios y soldados). La virtud de los obreros es la obediencia, sin preguntar, sin saber...
Este es un estilo que puede ser eficaz en ciertos planos políticos y militares, pero que es dictatorial, no es cristiano ni verdaderamente (aunque la Iglesia lo haya asumido muchas veces y lo haya presentado como Cristiano). Es aquí, más que en un plano de ideas, donde Nietzsche tenía y sigue teniendo razón, al decir que el cristianismo se ha convertido en un platonismo para el pueblo (es decir, para tener al pueblo sabiamente sometido).

Hay un estilo cristiano de mando, que no es mando desde arriba, con secreto, sino experiencia de comunión, pues todo se dice y comparte, sin secretos. Ese es el camino que traza este evangelio, Jn 15, 15, uno de los textos más poderosos de la historia cristiana, de la sabiduría universal. Jesús que es "poder verdadero" renuncia a su condición de sabio superior, pues dice todo, todo lo enseña, muestra su secreto a los amigos (un secreto que deja así de ser secreto, para convertirse en palabra compartida.
La esencia del poder es el "secreto", que el jefe sepa, que dirija desde arriba, que los demás no sepan (luchen, se afanan, trabajen, disfruten de circo...). Pues bien, Jesús ha superado ese poder, convirtiendo a su iglesia (a la comunidad de los hombres) en espacio de amistad, donde todos saben, todos asumen sus responsabilidades en comunión.

Ésta es la utopía poderosa de la Iglesia (que mucha parte de la Iglesia no ha entendido todavía, siendo más platónica que cristiana). De ella quiero tratar este domingo, en dos partes:
a. Ofrezco primero una breve reflexión sobre el texto de Jn 15, 15
b. Desarrollo después, a modo de apéndice, algunas notas sobre la amistad humana y cristiana, a la luz de este pasaje.

(En la imagen: La Gran Palmera de ramas dialogantes del Templo de San Baudilio de Berlanga, en Soria). Buen domingo a todos.

1. JN 15, 15. EL CENTRO DEL EVANGELIO.

Introducción.

Ya no os llamo siervos sino amigos... Quiénes son los amigos_

a) Los que tienen fe, es decir, creen unos en otros, y así fundan su vida sobre una base de fidelidad mutua.
b) Se quieren: saben que el amor implica hallarse siempre de servicio el uno para el otro, en gesto de intimidad gratuita.
c) Finalmente, esperan: hacen juntos el camino, encuentran en común y reencuentran los motivos para ser y comportarse.

Estos tres momentos de la amistad definen según el evangelio de Juan la esencia de la iglesia, entendida como espacio de vida y convivencia de los amigos de Jesús.

Un tipo de Iglesia se ha vuelto lugar de organización sacral o de poder dogmático. Pues bien, Jesús la ha definido como espacio de amistad: No os llamo siervos, sino amigos. Desde ese fondo quiero presentar un esquema general de “iglesia” como experiencia de amistad, en la que pueden destacarse en ocho momentos.

En este fondo quiso situar su pontificado y su visión de Iglesia Benedicto XVI. cuando afirmaba que «el evangelio de Juan ha aceptado y profundizado esta palabra (philia) para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos» (Dios es amor 3), es decir, para definir el sentido de la Iglesia..

Hay otras notas en la iglesia, vinculadas con la justicia y la adoración del misterio. Pero en su centro ha de haber siempre una experiencia concreta de amistad. Cuando ella falta, cuando algunos saben los secretos y mandan y otros obedecen... puede haber orden, pero no hay Iglesia.

Texto Juan 15,9-17

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros."

2. A MODO DE APÉNDICE, NOTAS DE LA AMISTAD, NOTAS DE LA IGLESIA DE JESÚS.

1. Principio de amistad es el camino compartido: juntos vamos y nos ayudamos, buscando así lo que es bueno para todos. La amistad implica en este plano colaboración. Frente a los que entienden la vida como lucha o competencia, frente a los que intentan combatirse o silenciarse en el proceso de la vida, los amigos cooperan, se respetan y trabajan sobre un campo de búsqueda común. Un grupo de amigos tiene que dejar a un lado las opciones partidistas, superar los egoísmos personales e integrarse en la búsqueda y fracaso, la alegría y la tristeza del grupo de amistad… Quien no sepa o no quiera colaborar en la obra común nunca será verdaderamente amigo.

2. La amistad es con-fianza, es decir, “fe común” de los unos en los otros. Sobre las consignas sociales de la solidaridad y colabora¬ción, por encima de todos los intentos de unidad de clase o de estamento, destacamos la amistad como espacio en que los hom-bres habitan en confianza. Ser amigos significa estar dispuestos a decirse lo más hondo, a conectar en transparencia. La vida deja de ser campo de batalla solitaria o compartida y se convierte en lugar donde puede dialogarse.

En este contexto hay que distinguir la confianza en general y el don concreto de las confidencias. No hay amistad si no surge un campo de confianza, si no existe fe en el otro. Sin embargo, el nivel de confidencia que se alcance en cada caso variará según las circunstancias y los tiempos. Ciertamente, es difícil que perdure una confianza siempre silenciosa, que no baje a confidencias.

Pero puede darse el caso de que existan confidencias de carácter más o menos hondo (con el médico, confesor, psiquiatra) que no impliquen con¬fianza. Sea como fuere, no existe amistad sin la confianza, sin palabra de llamada y de respuesta. Ser amigos significa dialogar gozosamente, hacernos transparentes. Son creyentes de una religión los que confían en Dios y le responden. Pues bien, los verdaderos amigos son creyentes: valoran y se aceptan los unos a los otros

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3. La amistad se vuelve “caridad” o ayuda mutua. Amigos son aquellos que se quieren por quererse, sin buscar por amistad otras ventajas. Pero la misma amistad hace que los amigos se ayuden en gesto de benevolencia activa: Se acogen, se perdona, se potencian unos a los otros. La amistad implica dos rasgos. (a) Quiero el bien para mi amigo; por eso le enriquezco con mi vida, mi presencia, mi palabra. (b) Pero, al mismo tiempo, cuento con él: sé que hay alguien que se ocupa de mis cosas. Vela por mi vida. Ha decidido ofrecerme su asistencia. Eso me permite estar tranquilo.

La amistad es desinteresada, vale por sí misma, no por lo que hace. A pesar de eso, es evidente que la auténtica amistad ha de expresarse en la ayuda que se prestan los amigos. Más aún, yo diría que sólo son amigos verdaderos los que tienden a ofrecerse y compartir los bienes de la tierra. Sin embargo, ese no es nunca el nivel definitivo. Lo que importa es, sobre todo, compartir proyectos y tareas más profundas: ideales y búsqueda, éxitos, fracasos, vida. Eso conduce ya al plano siguiente: los amigos dan y aceptan, comunican lo que tienen porque quieren construir una existencia compartida.

4. La amistad implica un tipo de con-vivencia. No basta colaborar en una tarea común, ni confiarse y ayudarse mutuamente en el camino. (1) Los amigos participan: asumen las tareas comunes y se ofrecen mutuamente lo que tienen; de esa forma surge en ellos una base de existencia que les une: recuerdos, afanes, bienes, valores. (2) Partiendo de eso, los amigos asumen y despliegan un tipo de comunión interpretada como encuentro de personas que comulgan las unas con las otras porque tienen una especie de base que les liga, porque buscan la manera de ofrecerse compañía.

Lo que importa no es hacer, ni darse cosas, ni siquiera comunicarse secretitos. Hay algo más hondo: el estar en unidad, el mantenerse en comunión. La fe se ha transformado de esta forma en vida: sobre el trasfondo de las confidencias surge la co-esencia, el descubrimiento y realización de la existencia en el encuentro. En este momento se explicita lo que implica ser persona. Estaba cada uno cerrado en su combate, condenado a su inquietud, amarra¬do a su vieja soledad. Pues bien, de pronto, descubrimos que la vida es diferente: van surgiendo entre nosotros lazos de verdad; sobre el cimiento de los intereses y valores comunes se hace posible un contacto libre de personas, una comunión sin más proyecto que el hacernos, siendo en comunión lo que somos.

5. La amistad incluye también un momento de esperanza. Los amigos pueden empezar uniéndose a partir de un trabajo, de una solidaridad, de una tarea. Pues bien, recorrido el camino de la amistad como confianza, comunicación y convivencia, es necesario que ellos asuman, de algún modo, un horizonte común, desarrollando de esa forma un tipo de vida abierta hacia la Vida. Es más, la misma amistad va suscitando un futuro, va engendrando vida, haciendo que vivamos de verdad como personas. Platón decía que «amar es caminar unidos engendrar en la belleza». En esa línea se podría decir que vivir en la amistad implica cultivar de tal manera la confianza y convivencia que el camino de los hombres y mujeres se mantenga en esperanza y gracia.

6. Amistad y trascendencia. Muchos han afirmado que la verdadera amistad sólo es posible y culmina cuando al fondo de ella brota algo más alto, la presencia de un «tercero», es decir, de un Bien Común que centre y unifique a las personas ¿Cuál será ese bien común ante el que deben unirse los amigos? Para los pensadores griegos, la esencia o razón de la amistad está relacionada con un tipo de verdad más alta, una justicia o virtud superior que vincula a los amigos, que se unen de esa forma desde arriba. Los cristianos, han vinculado la amistad con Jesucristo, que les dice: «Como yo os he amado, amaos mutuamente» (Jn 13, 34). Como están unidos Padre e Hijo en el misterio trinitario así han de estar unidos, los creyentes, en transparencia amistosa:

«Ya no os llamo siervos, sino amigos; porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo, en cambio, os he comunicado todo lo que he recibido del Padre…» (cf. Jn 15, 13-15).

Quien escucha estas palabras de evangelio sabe que la unión de los amigos constituye un milagro de gracia, vinculado a la transparencia personal: buscamos la unidad, confianza y convivencia por motivos que desbordan los principios racionales: no nos sometemos a una ley, ni obedece¬mos a un mandato impuesto desde fuera. La amistad constituye un regalo de la gracia: es la verdad de Dios que se ha ofrecido en Jesucristo, es el misterio de una vida que se funda en el Dios de la vida compartida, en el Dios que es amistad (siendo, también, amor enamorado).

7. Amistad y alteridad sexual. Antiguamente parecía que sólo puede darse amistad entre varones, una amistad que con frecuencia tenía ciertos rasgos homosexuales. Las mujeres no podían elevarse hasta un nivel personal de la amistad, pues su vida se encontraba relegada a un plano de materia, sensibilidad, sometimiento. Por otra parte, una amistad no sexualizada entre un hombre¬ y una mujer parecía inconcebible. Pues bien, a mi entender eso ha cambiado y debe cambiar más hondamente todavía.

El florecimiento de la amistad sólo es posible allí donde el ser humano (varón o mujer) accede a su libertad espiritual y se vuelve capaz de cultivar una relación personal en la que viene a transcenderse (no negarse) el nivel de los deseos.

La amistad trasciende el sexo, pero no lo niega, pues puede (y a veces debe) expresarse a través del sexo, aunque de esa manera puede correr el riego de volver otra cosa, es decir, otro tipo de amor. Ciertamente, un tipo de amistad así puede resultar más fácil en personas que son del mismo sexo. Sin embargo, resulta más fructuosa y positiva allí donde los sexos son distintos.

Muchos piensan que la amistad es un peldaño inferior, una especie de amor más bajo, que en el caso hombre-mujer debe culminar en el enamoramiento. Así ocurre algunas veces, pero no de una manera necesaria, pues la amistad tiene un valor en sí misma, sin necesidad de convertirse en otra cosa. Todo enamoramiento implica un momento de amistad, pero puede haber un tipo de amistad sin enamoramiento; una amistad entre personas del mismo o de distinto sexo, hombres y/o mujeres, que comparten sobre todo la palabra y de esa forma enriquecen sus vidas. Este modelo de amistad constituye uno de los retos mayores para los hombres y mujeres del futuro.

Apenas hemos salido del cascarón de un tipo de naturaleza muy centrada en el clan, en un tipo de familia patriarcalista. Casi no sabemos lo que implica hacerse y ser hombres y mujeres en amistad. Nuestro amor se encuentra demasiado ligado a un tipo de formas de vinculación sexual o a gestos de beneficencia afectivamente neutral.

Pues bien, llega un mundo nuevo de creatividad en el amor y de amistad más amplia, que apenas somos ahora capaces de intuir. Evidentemente, siguen teniendo fuerza los viejos principios: está la atracción del sexo, la pasión de la vida, la tendencia al placer, el egoísmo. Quien no cuente con ello acaba engañándose a sí mismo. Pero, en este tiempo nuevo, de nueva libertad de amor (sin los tabúes y las prohibiciones moralistas, tan abundantes antaño) puede darse y se dará un florecimiento nuevo en la amistad.

En este contexto se puede plantear, por fin, el tema de la extensión numérica de la amistad: ¿cuántos pueden ser los amigos? Algunos dicen que sólo puede haber amistad entre dos o tres personas: sólo entre ellas puede darse el nivel de confidencia, convivencia y esperanza en que se forjan los amigos. Pero esa visión no me parece exacta. Ciertamente, existen amistades duales muy perfectas. Pero en su misma entraña, la amistad incluye un germen de apertura.

El enamoramiento es, por esencial, dual: enamoramiento «a tres» resulta imposible, al menos a la larga. La amistad es diferente. Ella tiende a comunicarse, a crear ámbitos más amplios de confianza y convivencia, como dijo Jesús a sus discípulos, que eran más de dos o y más de tres «No os llamo siervos; vosotros sois mis amigos...» (cf. Jn 15, 14-15). En esa línea pienso que las comunidades contemplativas (vida religiosa) son, ante todo, espacios de amistad compartida.
fuente:CAMINO+MISIONERO

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El camino de Devin Rose: ateo orgulloso, agnóstico deprimido, protestante dudoso, católico ferviente


El camino de Devin Rose: ateo orgulloso, agnóstico deprimido, protestante dudoso, católico ferviente
«Mi otrora confiable inteligencia me había fallado por completo, así que me enfrenté a una elección: o me suicido o trato de creer en Dios». 
Devin Rose nació en una familia de tradición cristiana, entendiendo con eso que lo eran sólo de nombre. De hecho, en casa le habían inculcado que los hombres provenían de una evolución del "fango original". Por eso, no es de maravillarse que en su adolescencia, una vez obtenido el uso de razón, Devin se haya declarado con orgullo no creyente. Había nacido un ateo.

Su paso por la escuela secundaria le ayudó a envalentonarse aún más en esta posición, dado el supuesto amplio consenso de sus compañeros en este campo. Pero al llegar a la universidad, algo pasó. A pesar de tener éxito en aquello que realizaba (buenas notas, una novia bonita, el amor de su familia, un montón de amigos, …) había algo que no funcionaba: «empecé a ser devorado por la ansiedad», cuenta él mismo.

«Me ponía nervioso en las reuniones sociales, en los restaurantes, en el cine; incluso estando en clase. Mi estómago se agitaba y tenía miedo de tener que salir corriendo de la clase, poniéndome en ridículo delante de todos».

Con el paso del tiempo, esta ansiedad no hizo sino aumentar, llegando a verdaderos ataques de pánico, aparentemente sin ningún motivo. Llegó incluso a desear la muerte: él, un estudiante de honor, con beca completa, atleta talentoso y rodeado de buenos amigos y el amor de su familia.

Ante esta situación, por fin se enfrentó a su ateísmo, que para él era ahora sinónimo de su desesperación: «La delgada capa de la comodidad, la prosperidad y el bienestar general me habían protegido siempre en mi vida de enfrentarme a las terribles conclusiones existenciales de mi visión del mundo. Un día, en un inquietante "sueño despierto", vi ante mí, de manera total, la oscuridad, una vacía manifestación viva de mi desesperación».

En medio de este dolor, acudió a su madre y le abrió su alma: «Doy gracias a Dios ahora que, incluso en la desesperación, me dio una madre cariñosa a la que podría acudir en una situación en la que pensaba que no tenía otro lugar adonde ir». Juntos, acudieron a un psicólogo –otro palo para Devin, que miraba con desdén a las personas que acudían a uno– y la terapia empezó a dar sus resultados.

Pero la evolución era positiva sólo en parte. De hecho, sus ansiedades seguían ahí. Y fue entonces cuando aceptó su problema: era clínicamente depresivo, una lucha que se le presentaba titánica e interminable.

«Creía que mis problemas eran sólo un producto químico en mi cerebro, pero ya había intentado todas las tácticas posibles para vencer la ansiedad y no habían funcionado. Mi otrora confiable inteligencia me había fallado por completo, así que me enfrenté a una elección: o me suicido o trato de creer en Dios».

Con esta dicotomía ante el camino, el antes ardiente ateo se lanzó a la empresa de creer: «Sabía que si Dios no existía, tratar de creer en él no iba a funcionar, pues sería sólo una táctica mental más entre la multitud que había intentado antes, sin éxito alguno. Y aunque pedir ayuda a Dios era algo que sublevaba mi interior, no teniendo nada que perder, le di una oportunidad». Y así, después de muchos años, Devin lanzó su primera oración: «Dios, tú sabes que yo no creo en ti, pero estoy en problemas y necesita ayuda. Si eres real, ayúdame».


Imagen del blog de Kevin

Al principio, el resultado de sus oraciones fue nulo, por lo que, irónicamente, le confirmó en su ateísmo. «Pero cuando se está en el océano y todo lo que tienes es un salvavidas, por pequeño que sea, ésa es la única esperanza que tenemos». Así que continuó a orar.

Así, poco a poco, se atisbaron ligeros signos de mejoría. Y aunque en su interior los pretextos ateos se revelaban y querían romper ese arbolito que empezaba a crecer, Devin se decía que debía darle una oportunidad a la fe. Así que se protegía y continuaba con su oración, acompañada de la lectura de la Biblia.

Su compañero de cuarto en la universidad era un fiel bautista (protestante) y le empezó a llevar a su iglesia todos los domingos. Aunque seguía sintiendo ataques de ansiedad, se hizo violencia para permanecer en las reuniones y, sorprendentemente, su fe comenzó a fortalecerse y crecer, aunque estaba sumergido en un mar de dudas. Al final de ese año, Devin se consideraba ya, sin lugar a dudas, un cristiano.


Libro de Devin sobre el protestantismo
Fue en ese momento cuando Dios se hizo presente: «Dios se precipitó y era como nada de lo que antes hubiera podido experimentar. Me dio el coraje y la fuerza para afrontar mis ansiedades y empezar a superarlas […] Dios me dio esperanza para hacerle frente a mi desesperación, y la fe y el amor empezaron a sanar mis profundas heridas». En otras palabras: se topó con el amor de Dios. Al final de ese año, se bautizó en la iglesia bautista, dándole un nuevo rumbo a su vida.

Pero Dios no se detuvo ahí; quería que Devin se encontrase definitivamente con Él dentro de la Iglesia Católica. Ya desde el inicio nació en él la duda de por qué habían tantas divisiones y denominaciones dentro del cristianismo. Así se lo hizo notar a Matt, un buen amigo suyo bautista, considerado líder entre su grupo. Pero él no supo responderle.

Su anhelo por la verdad le carcomía el alma y no le dejaba en paz ver las divergencias en las predicaciones entre los diversos cristianos. Buscó ayuda en su lectura de la Biblia… pero también ahí se dio cuenta que unas confesiones la veían de una manera y otros de otra.

La pregunta de fondo no era baladí: ¿quiénes están realmente guiados por el Espíritu Santo? Porque el Espíritu Santo es «el Espíritu de Verdad», y la Verdad es una. ¿Cómo, entonces, producía tantos efectos?

Tras mucho pensar y orar, Devin decidió investigar qué denominaciones habían tenido la osadía de afirmar que eran la Iglesia que tenía la plenitud de la verdad. Su iglesia bautista ciertamente no lo decía, pero los católicos, los ortodoxos y los mormones sí que lo habían hecho. Sin habla ante los resultados y con mucho temor, empezó a investigar a la Iglesia Católica.

Durante mucho tiempo debatió con amigos protestantes, haciendo todo lo posible por no volverse católico. Pero mientras más estudiaba, más cuenta se daba de la autenticidad de la Iglesia. Y así, después de recibir una buena catequesis, fue recibido en la Iglesia en la Pascua del 2001, ceremonia a la que asistieron algunos de sus amigos protestantes.

Hoy, después de diez años de católico, Devin no puede sino ver con gratitud el camino recorrido: «Mi "Camino a Roma" comenzó con el riesgo de que Dios fuese real. Continuó con el descubrimiento de que Él me amó y de que era digno de mi confianza. Hoy, puedo decir que, después de vivir la fe católica desde hace diez años, mi confianza en Cristo y en Su Iglesia se ha vuelto cada día más fuerte».

Empuja la vaquita


El Pájaro blanco y el pájaro negro


Juntos, comprendieron...
Pájaro Blanco y Pájaro Negro habían estado en guerra desde edades sin memoria.
Pájaro Blanco era resplandeciente, los dioses hablaban por él, era todo el bien, el pensamiento y la luz.
Pájaro Negro era sombrío y denso, por él hablaban las potencias inferiores, y era toda la fuerza animal, los instintos y la potencia de la oscuridad.
Pájaro Blanco despreciaba al Negro por su vuelo rasante, porque era carnicero, porque se apareaba con hembras, y porque buscaba andar en bandada, acompañado por otros oscuros como él.
Pájaro Negro despreciaba al Blanco por su poco peso, por vivir en las nubes, porque no conocía hembras, porque su comida desabrida era el aire y porque no tenía compañeros y vivía solo.
Uno ganaba, ganaba el otro. Victoria final ninguno tenía. Pero cuanto más guerreaban, más se miraban.
Un día la curiosidad empezó a acercar a los dos. Menos se interesaban ahora, uno por el mundo de las nubes, otro por el mundo de la tierra. Uno al otro se interesaban, les empujaba el saber.
Pájaro Negro quería saber por qué resplandecían las plumas del Blanco, por qué era tan liviano que subía como el viento, qué había en su corazón cuando sus ojos se iluminaban, qué buscaba allá arriba.
Pájaro Blanco quería saber de dónde venía el pesado poder del Negro, qué placer sacaba de tener hembras, qué había en su corazón cuando estaba con su bandada, qué buscaba allá abajo.
Por querer saber de Pájaro Blanco, Pájaro Negro subió. No mucho, un poco.
Por querer saber de Pájaro Negro, Pájaro Blanco bajó. No mucho, un poco.
Rivales eran, y querían sacarse los secretos. Ganar lo del otro y vencerlo. Por eso empezó Pájaro Negro a comer aire, un poco. Alguna luz se le abrió en la punta de las plumas, y su vuelo fue más liviano.
Por eso empezó Pájaro Blanco a comer insectos, no muchos, algunos. Pizca de poder denso oscureció la punta de sus alas, y el vuelo fue más pesado.

Luego de pelear, ganando uno, ganando el otro, un día, cerca, se miraron.
Ya no podían pelear más. De tanto perseguir al otro, admiración sentían por el rival.
Se encontraban, a veces, y se enseñaban, a comer aire, a ordenar las potencias de abajo, a aprender de las potencias de arriba. Amigos fueron.
Tan juntos iban y tanto tomaban uno del otro, que gris se hizo Pájaro Blanco, con puntas de alas resplandecientes, y gris se hizo Pájaro Negro, con puntas de alas renegridas como tronco quemado. Hermanos fueron.
Hermanos eran, no paridos por la misma madre. De admirarse y de seguirse. Extrañados los miraban los demás, y ellos juntos iban, siempre, no se separaban.
Cada vez más fuerza tenían; el sol y la noche se juntaban en ellos.
-Como tú quiero ser - dijeron un día, juntos.
Hubo allí un estallido como un volcán, un remolino de luz como viento de huracán y la noche estrellada como una gran vasija.
Juntos, comprendieron. Que eran un solo pájaro. Mitades partidas al principio de los tiempos, que ahora por fin, reunidas estaban.

Persevera nunca te rindas y alcanzaras la victoria espiritual.


La vida de un cristiano es un constante batallar para conseguir
el éxito ( “la salvación) y ese camino es como un camino empinado en donde día
a día nos volvemos más fuertes asumiendo el reto de afrontar los obstáculos.
Dice la palabra de Dios enn2 Mac 15,21 “…El Señor concede la victoria a quienes
la merecen…”
A lo largo de nuestra vida el Señor se manifiesta con muchos
milagros que cada uno de nosotros en su interior puede numerar. El Señor nos
dice no se desalienten y sigan perseverando sin desfallecer.
Cuando estamos viviendo una vida sin sobresaltos y nos va
bien en todos los ámbitos de la vida tanto en el emocional, salud, económico, etc.
nos  sentimos como los engreídos del
Señor y nos llenamos de fuerzas para la evangelización.
Pero al igual que les paso a los apósteles en la barca
cuando llego la tormenta y el barco casi se hunde los discípulos que habían andado
con Jesús haciendo infinitos milagros  de
repente tuvieron miedo y se paralizaron y olvidaron su fe. El Señor a través de
un milagro les demostró su poca fe y los salvo calmando la tempestad.
Lo mismo nos suele pasar a nosotros cuando vienen los
tiempos de dificultad y nos olvidamos de los milagros que Dios ha hecho a lo
largo de nuestras vidas y a veces caemos en pánico o miedo lo que va
disminuyendo nuestra fe.
Al contrario hermano los tiempos de dificultad sirven para
aumentar nuestra fe, sólo enfrente los problemas y no huyas de ellos porque el
Señor está contigo y con el alcanzaremos la victoria.
Muchos están cansados porque la vida les viene dando muchos
retos y están perdiendo la fe, pero hermano no puedes olvidar todo lo que el
Señor te ha dado y dejarte vencer. EL Señor nunca te va abandonar llena de fe
orando y no pidiendo y sabiendo que con Cristo somos más que vencedores.
En estos momentos alzaras tus manos para alabar al Señor y
pedirle que aumente nuestra fe y nos haga soldados fuerte para la batalla. Levántate
y se valiente porque el Señor te dice que eres su hijo y que tiene una vida de
plenitud para ti pero no te rindas lucha y persevera hasta el final.
Abandona tus miedos, tristezas, enfermedades y cualquier
problema y entrégalos al Señor y junto a él marcha sin ningún temor.

© 2013   Creado por Martín Olivares.

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